dimarts, 28 de febrer de 2017

Un hijo del cine

Guillem Terribas, sentimental, librero y abuelo de Martina, es la persona con quien más a gusto hablo de cine. Quizá porque los dos somos hijos únicos y, como muchos de nuestra generación, en nuestra infancia y adolescencia sólo fuimos felices en el cine, que si no cuenta mentiras no es cine. También en eso estamos de acuerdo. Y no lo estamos cuando hablamos de aquella plaga, de aquellos tipos con bufanda de la llamada nouvelle vague, que eran franceses y nos intelectualizaron el cine, metiéndole realidad, aburrimiento y abusando de los monólogos y diálogos, es decir, que nos lo jodieron. En esto no estamos de acuerdo, pero soy yo quien tiene razón. Y si Terribas no se ha quedado calvo y manda o influye mucho en el ambiente cultural de Girona, esta humilde crónica la escribo yo, mientras me dejen.
O sea, que el libro Alegra’m la vida, título que suena como un disparo del revólver Magnum 44 de Clint Eastwood y que acaba de publicar Guillem Terribas, va de cine, del cine que le ha hecho feliz y del cine que suele ver con su nieta.
El libro se presentó en la librería Laie y entre la gente de cine allí presente pude ver a Elisenda Nadal, ex directora de la revista Fotogramas y miembro de honor de la Acadèmia del Cinema Català. La media melena de esta mujer cálida y amable siempre me recuerda París. No la nouvelle vague sino el París de sus cafeterías y bistrots. Ese París donde algunas mujeres siguen sabiendo manejar el lápiz de labios y llevar la media melena. A su lado se sentó la directora de cine y mujer con muchas lecturas, sombreros y colores, Rosa Vergés, que tiene el perfil italiano y que a mí siempre me recuerda a esas profesoras con gafas de las que se enamoran todos sus alumnos. A esta mujer le sientan muy bien los pañuelos en la cabeza, que es tocado de cine con coche descapotable y curvas en la Costa Azul. También estaban las editoras Berta Bruna y Ester Pujol, que cada mañana se acerca a la mar de Barcelona y nos cuenta cómo está.
Que alguien como Terribas, la sonrisa de Girona, se atreva a decir que la almibarada película
Romeo y Julieta, la que dirigió Franco Zeffirelli, le gustó tanto que la fue a ver a todos los cines de la provincia de Girona que la proyectaban, demuestra que es un espíritu libre, un verdadero hijo del cine. Y que conste que ese melocotón en almíbar no forma parte de sus 10 películas favoritas, en absoluto. Pero le sirvió para descubrir a Shakespeare, que no es poco. Leyendo el libro de Terribas te enteras de que casi todos los catalanes que se apellidan Terribas tuvieron un abuelo granadino. Y de algo mucho más importante. Horas antes de morir, el poeta Juan Luis Panero le habló de la película Doctor Zhivago dirigida por David Lean. No le habló ni de James Joyce ni de una de sus obsesiones cinematográficas: Dublineses, película de John Huston donde la muerte está siempre presente. Le habló de Doctor Zhivago, que había visto muchas veces. Y lo mismo le ocurrió con el escritor Miquel Pairolí, devoto de la película Il Gattopardo, dirigida por Luchino Visconti. Con el escritor gerundense, Terribas había hablado mucho de literatura, cine y Voltaire, pero, hasta horas antes de su muerte, nunca de Doctor Zhivago.
Cosas del cine. Del cine que nos gusta.
Arturo San Agustin, La Vanguardia 18.02.2017
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