dijous, 7 d’agost de 2008

Verano




Antes de que Proa, Planeta, 62, Columna...
se fundieran en una empresa,
los autores conocieron la prosperidad

Publicat a "La Vanguardia" el 06/08/08 per Julià Guillamon (a la foto)

En estos días del mes de agosto se están escribiendo los libros que llegarán a las librerías en las campañas de Sant Jordi y Navidad del 2009. Un renombrado escritor catalán está sentado frente al ordenador de pantalla plana, con unos pantalones de tenis Quechua (con bolsillos para poner las pelotas), una camisa Ralph Lauren de grandes franjas entrecruzadas de color rojo anaranjado y amarillo verdoso abierta hasta el ombligo, y unas alpargatas azul celeste con los talones pisados. Es su indumentaria de trabajo: sin nada que apriete, informal, pero con un toque de elegancia. Cuando se viste así significa que va a dedicarse a escribir por lo menos durante cuatro horas. Ante él, en la mesa, no tiene un manuscrito, ni siquiera las notas para empezar uno: tiene una libreta de ahorro y varios recibos que acaba de sacar de la cartera,doblados con el resguardo del Servicaixa. En la pantalla del ordenador,abierta, una hoja de Excel.

Hace unos años se compró, baratísima, una casa de pueblo de la que todavía está pagando la hipoteca. En junio, cuando termina las clases, o en primavera,si consigue liberar el último trimestre, se encierra aquí a escribir y con lo que saca financia la casa de verano y lo que le queda por pagar del piso de Barcelona (anota la cifra del último cargo de la hipoteca y del seguro de vida en la planilla de Excel). Después abre las pestañas de los últimos meses, de los últimos años. ¡Una época
de oro! Antes de que Proa, Edicions 62, Empúries, Destino, Columna y Planeta se fundieran en una única empresa, los escritores vivieron un momento de boyante prosperidad. Su agente, con la amenaza de una oferta de la competencia, podía conseguir un buen anticipo, una mejora de contrato, ¡un sueldo! Todo lo que tiene aquí (la mesa de roble, la alacena, la repisa de mármol, el sofá de Alcántara y las tres lámparas Vinçon) se lo debe a Miquel Alzueta. Guarda en una carpeta la factura
del restaurante Ca la Cèlia, donde invitó al periodista del Avui que subió el lunes a hacerle una entrevista, y del Motel Empordà, donde estuvo cenando anteayer con Maria Rosa. En pocos meses tenía terminada la primera de las tres novelas del contrato. Las ventas importaban relativamente: ya se sabe que este es un país que no valora la excelencia. Siempre había otras puertas a las que llamar y otras ditoriales que te ofrecían premios.

Mira el sol de las diez de la mañana y las hojas de parra que el viento agita. Le quedan dos libros por escribir. Antes de abandonarle, su agente renegoció con el editor para que en lugar de dos novelas pudiera escribir una novela y una obra de no ficción. Ha perdido todo el mes de julio con un texto para el libro de Navidad de la Diputación de Barcelona. Hoy es su primer día. Entra en Word, abre un documento nuevo y escribe el título provisional en letras mayúsculas: "Què vol dir ser
català".